Notas desde una orilla I

Alguien que no tuve la posibilidad de conocer aconsejó, a quienes vinieran a visitar esta isla, prestar atención dónde se pisa mientras se admira el paisaje, a riesgo de tropezar y pasar un mal rato. Nada más sabio como consejo porque el paisaje es realmente cautivante, salvaje, rocoso, accidentado… un lugar en el que la naturaleza se ha apropiado de la roca madre que hace millones de años afloró en medio del Mediterráneo por vaya uno a saber qué fuerzas tectónicas descomunales. Sí, hay que mirar para abajo para poder admirar lo que hay arriba, lo que esa naturaleza oculta hacia dentro desde el borde. Lo que divide la tierra del mar : allí está la orilla.

La orilla es una interfase para nuestros sentidos, una especie de muro infranqueable en principio. Cuando estás en una isla podés atravesarla de hito en hito para encontrarte al fin con ese muro, esa orilla que propone otra cosa, otra isla tal vez o el continente allá lejos. Es un muro imaginario la orilla, es una propuesta de algo diferente más allá de la orilla misma, algo que en el mejor de los casos habrá que franquear, otro cosmos, otra epopeya. Algo ahí que no podemos tocar, que no es tangible, que implica transgredir el propio principio de la orilla.

Y ese muro imaginario que comienza en algún punto entre la roca, el agua y uno mismo posee el encanto de contener, la previsión de saber que al seguir caminado por esa orilla se vuelve inevitable y decididamente al mismo punto de partida. De alguna manera la orilla nos recuerda esa idea del círculo, de la vuelta y el retorno.

Hay quienes se sentirán seguros frente a cualquier orilla, y es mi caso, siempre lo fue. Y la seguridad tiene que ver con la previsibilidad: donde quiera que vaya, hacia el norte, el sur, el este o el oeste, la orilla estará siempre ahí, como principio o como el fin. Para otros la orilla será sinónimo de limitación, de discontinuidad, de encierro. La orilla, como tantas otras cosas, nos muestra cuán distintos y distintivos somos los seres humanos, y cuánto camino tenemos para recorrer, ya sea bordeando la orilla o atravesando los océanos promisorios. De eso se ha tratado siempre nuestra humanidad.

Hoy la orilla está allí, detrás esa otra orilla que los pinos de la sierra recortan en el cielo. Al alcance de mi mano. Siento como si estuviera tocándola, como si bastara simplemente que baje con mi mano el telón y salga a escena. Así será. Inevitable y afortunadamente así será.

12 de diciembre de 2017 [AL-UR]

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