Mis Encuentros con Seres Notables – Carl Sagan

Carl Sagan. Para las nuevas generaciones es probable que el nombre sea desconocido, como quizá también para las contemporáneas que me antecedieron.

No obstante, los que como yo están en esa cornisa a dos aguas de la vida, seguramente recordarán aquella serie que comenzaba con un melancólico y profundamente bello tema de Vangelis y la imagen de un avance hacia decenas de galaxias coloreadas y que nos proponía nada más ni nada menos que una invitación en primera fila a viajar por el Cosmos. Así se llamó aquella serie, para mí inolvidable, que se emitió a principio de los años 80 y que tenía por orador a un hombrecito sobrio y pelilargo dentro de un saco claro, informal y sin corbata, muy simpático y a la vez profundamente claro y emotivo: Carl Sagan.

En aquella época –yo no tenía veinte años aún– en casa no había televisión color, y sin embargo mi imaginación, todo lo que esa serie despertó en mi imaginación en aquel momento, me devuelve muchos recuerdos muy vívidos en muchas tonalidades. Pero quizá lo que más intensamente recuerde sea la invitación a volar en su nave de la imaginación, que era una semilla de diente de león (o panadero, como lo llamábamos en mi región del planeta) que soltó al viento desde la punta de sus dedos en el capítulo de presentación de Cosmos: Las Orillas del Océano Cósmico. Invitación que acepté y que decididamente significó ese “antes y después” que suele quedarnos como un hito luego de ciertos encuentros o descubrimientos remarcables en nuestras vidas.

Carl Edward Sagan nació el 9 de noviembre de 1934 en Estados Unidos, Nueva York, a las 17:05 h. Hijo de una pareja originaria del este europeo, se interesó desde su adolescencia en el origen de la vida, la astronomía y la ciencia ficción. Doctor en física planetaria, integró la Universidad de Cornell como profesor y director de laboratorio, desde donde contribuyó activamente en la mayoría de las misiones robotizadas de exploración del sistema solar. Fue quien concibió las placas y registros inteligibles de presentación y paz que, a modo de mensajes en una botella lanzada a las estrellas por la humanidad, portan a bordo las sondas Pioneer y Voyager en caso de ser encontradas o interceptadas en su periplo interestelar por alguna inteligencia extraterrestre. Fue Sagan quien propuso a la NASA hacer girar la sonda Voyager 1 antes de abandonar el sistema solar para que tomara una foto de nuestro planeta a una distancia de 6.000 millones de kilómetros, lo que dio origen a su emotiva y profunda reflexión sobre el lugar y la escala de la humanidad en nuestro Universo conocida como “Un pálido punto azul” o “Estás aquí”.  Ensayista, novelista, gran escéptico de lo paranormal y las pseudo-ciencias, es aún hoy mundialmente reconocido como uno de los divulgadores científicos de astrofísica, cosmología y exobiología más respetados y apreciados de fines del siglo pasado. Falleció en la ciudad estadounidense de Seattle el 20 de diciembre de 1996 a la edad de 62 años[1].

De acuerdo al Sistema de Diseño Humano, Carl Sagan es un Proyector Emocional con Definición partida doble amplia, Perfil Oportunista/Modelo de Rol (Líneas de Sol-Tierra de Personalidad y Diseño 4/6) y Cruz de Encarnación de Ángulo Derecho de la Esfinge (Puertas Sol/Tierras 1 y 2 de Personalidad, y 7 y 13 de Diseño) (Carta del Rave generada desde el MMI www.jovianarchive.com )

A la luz del Sistema de Diseño Humano este Ser notable fue un Proyector, o sea una persona cuyo Diseño le permite guiar a todos aquellos que lo reconozcan y así se lo expresen. Es muy probable que Carl Sagan no haya sido capaz de identificar o prever conscientemente esa cualidad de Proyector en él, pero observando los detalles de su biografía resulta muy claro ver que logró vivir bastante plenamente ese Diseño y alcanzar la firma del Ser del Proyector que es el éxito, en este caso el reconocimiento que le permitiera divulgar los conocimientos científicos a los que tuvo acceso y que tanto amaba en relación con la Astronomía y la posibilidad de la vida en el Universo. De hecho, su diseño de Proyector posee la cualidad de un propósito de encarnación que está representado por la figura de la Esfinge y que nos habla de la capacidad que tienen ciertas personas como él que, al posar su mirada muy individual en el horizonte, están indicándoles con claridad a los otros la dirección que debieran tomar. De los Proyectores se dice que somos faros, y este Proyector no sólo ha sido eso sino también una brújula para quienes lo encontraron en su camino y marcharon junto a él. Dos de sus mentores en la Universidad de Cornell acordarían en definir a Sagan como “… un ejemplo inspirador del ciudadano global comprometido… una persona con una capacidad de pensar fuera del formato… y desde allí abordar las necesidades de la sociedad en la que vivimos”[2].  

El diseño de su propósito dice que Carl Sagan es un Oportunista y Modelo de Rol. Y una vez más, mirando su histórico, yo veo que supo también desarrollar ese rol con éxito. El Oportunista es quien abraza la oportunidad que le ofrece una red, un conjunto de personas sobre las que desarrollarse y sembrar esa capacidad de brújula, organizándolas y guiándolas si así lo quieren. Cuando le damos un vistazo a su enorme CV, vemos que Sagan estuvo rodeado, supo rodearse, tuvo la chance de verse rodeado por personas tan científica y artísticamente remarcables como él lo sería luego para muchos otros. En el contexto de sus circunstancias, supo incorporarse a un entretejido humano brillante y de vanguardia en el que pudo desarrollar óptimamente sus aptitudes, apetencias y convicciones. Fue discípulo del astrónomo Gerard Kuiper (descubridor de lunas lejanas y quien predijo la cintura de asteroides más allá de Neptuno), se casó con Lynn Margulis, pionera de la biología evolutiva que tanto lo desvelaba, colaboró con otros renombrados biólogos como Stanley Miller para explicar el posible origen de la vida desde una sopa molecular original, y también se codeó con innegables referentes de la ciencia ficción (su “droga” adolescente, según sus propias palabras) como Isaac Asimov. Su Rol de eximio divulgador de ciencia es, sin dudas, el resultado de su periodo de prueba y error que debe haber vivido en la primera etapa de su vida y que terminó por transformarlo en una autoridad o referente, el modelo de ese rol de hacer que nos veamos como Humanidad en el Cosmos de una manera substancialmente diferente, decididamente más humilde, menos antropocéntrica. Sin dudas fue desde las experiencias de red que supo posar su mirada de Esfinge sobre el alcance reflexivo de una misión esencialmente técnica, como fue Voyager, y convencer al equipo de la NASA que rotara la sonda antes de franquear las fronteras del sistema solar para tomar aquel inolvidable Retrato de Familia que cambió nuestra concepción de la Humanidad y el lugar que ocupamos sobre esa diminuta mota de polvo en la inmensidad cósmica.


… un ejemplo inspirador del ciudadano global comprometido… una persona con una capacidad de pensar fuera del formato… y desde allí abordar las necesidades de la sociedad en la que vivimos…

Charla de Carl Sagan presentando la misión Mariner en la emisión Camera Three, en 1974

Escucharlo explicar escalas planetarias, misiones espaciales o posibles formas de vida flotando en las nubes de Júpiter es percibir la potente vibración de su inteligencia emocional impactando el entendimiento común. En efecto, Sagan poseía una potente y certera forma de expresión de su emocionalidad capaz de tocar la fibra íntima de sus espectadores –“Su amor por la ciencia era contagioso”, afirmaba su primera esposa–, que considero fue el leitmotiv de su éxito como divulgador. “Serio y alejado, pero no tanto” —también decía de él uno de sus mentores–, utilizando frases contundentes, bien articuladas y una sonrisa abierta, Carl Sagan fue capaz de transmitirnos su pasión por cada concepto que intentaba que aprehendiéramos. Era su mirada, la expresión de su rostro cuando observaba ciertas animaciones en sus disertaciones lo que transmitía todo eso. Puede que en muchos casos haya sido parte de una puesta en escena para ciertos programas en los que participó, pero yo “siento” que hay gestos que no engañan ni que sea tan sencillo actuarlos. Un Ser definidamente emocional posee la habilidad de transmitir el placer de haber surfeado la cima de sus olas, no tiene reparo en hacerlo, y esa energía emocional bien encauzada desde el diseño y en el tiempo más correcto difícilmente pasará desapercibida. Este personaje remarcable tenía la capacidad de transmitirnos con rigor conocimientos extremadamente técnicos sin atiborrarnos demasiado de números y fórmulas pero desde una emoción que él mismo seguramente sentía era necesaria aplicar para que el saber fluyera: “El cerebro es un músculo. Cuando lo utilizamos nos sentimos verdaderamente bien. La comprensión es jubilosa”[3]. ¿Aprendió a hacerlo? Seguramente y desde su red. De eso se trata el desarrollo de la inteligencia emocional de una Esfinge, su dedicado Oportunismo y la expresión aguda de su Modelo de Rol, aún inconsciente, después de todo.

… grandes dicotomías entre racionalismo e irracionalismo, entre asombro y escepticismo…

Los dos Canales energéticamente agrupados (Líder, 31-7 y Pródigo 33-13) que unen el Centro G al Centro de la Garganta

La Carta del Rave de Carl Sagan muestra también dos consistentes agrupamientos de energía bien separados. Por un lado, la capacidad de expresión de su Ser al servicio del Colectivo como líder reconocido desde la perspectiva de su propio conocimiento, junto con la memoria de lo vivido, el testimonio, para preparar ese colectivo que quiera escuchar a afrontar lo que vendrá. Estos dos aspectos de compartir de Carl Sagan también son muy claros en su biografía, principalmente en su rol de divulgador de las ciencias que lo hizo volverse un referente de renombre. Es muy probable que fuera incapaz de explicar este doble mecanismo de la energía que operaba en él, a la vez lógico y abstracto, por lo que descuento lo habrá sorprendido más de una vez en el contexto de sus reflexiones y colaboraciones. Su biógrafo remarca muy claramente lo que a la vez lo inspiraba y preocupaba: “… grandes dicotomías entre racionalismo e irracionalismo, entre asombro y escepticismo… Anhelaba creer [en OVNIs y la vida en Marte] aunque la razón siempre hacía que volviera a poner los pies sobre la tierra” [4]. De hecho, su Diseño nos da a entender que esta Esfinge estaba bien emplazada con los pies sobre la Tierra, receptiva a todos los detalles, paciente, y es desde ahí que apuntaba su mirada en la dirección que considerara correcta en el momento oportuno. Se me ocurre también que por este mismo conglomerado energético que se ve en la Carta de Sagan, su mentor, Kuiper, remarcara: “Algunas personas se desarrollan mejor en un programa principal de laboratorio; otras son mejores para vincular las ciencias entre sí. El Doctor Sagan pertenece a este último grupo”[5].

El otro agrupamiento energético de la Carta del Rave de Carl Sagan, el Canal de Reconocimiento (30-41) y el de Síntesis (19-49)

El segundo agrupamiento consistente de energía en la Carta del Rave de Carl Sagan está íntimamente ligado a su Diseño de Proyector emocional, pero alejado y para nada conectado con esa primera consistencia que emanaba de su Ser que acabo de mencionar en el párrafo anterior. Aquí podemos ver cómo la inteligencia emocional de Sagan, cada vez que lograba estar alineado con su Diseño, le permitía vivir las experiencias del espíritu que agitaban sus presiones más profundas. Seguramente debe haberlo sorprendido en incontables ocasiones su necesidad de comenzar cosas, proyectos, relaciones, procesos. Necesidades imperiosas, así nos parecen esas necesidades que no logramos comprender, y así deben haber comenzado muchos procesos de esta Esfinge que fue Carl Sagan; procesos iniciados que no necesariamente él mismo iría a terminar. Como ejemplo vemos en su biografía que fue un importante promotor del proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) del que abandonó el consejo de administración para ocuparse de Comité para la Investigación Escéptica, del que a su vez se retiró para poner en marcha la publicación científica Icarus [ver referencias 1 y 2]. Por un lado, parte de esta energía funciona como una necesidad ardiente de consumar las fantasías de todo tipo, hasta albergar la posibilidad de la utopía. En toda su obra, Sagan da muestras de su sueño por una Humanidad más consciente, de los alcances benéficos de una tecnología “bien utilizada” al servicio de nuestra evolución como especie, y doy por seguro que ese sentimiento de necesidad alimentado por una presión colectiva y enfocado en brindar conocimiento, el placer mismo de sembrar conocimiento, más de una vez lo debe haber sumido en la amargura. Sólo en aquellos momentos donde sus mensajes fueran reconocidos habrá logrado alcanzar la potencialidad de su inteligencia emocional, cosa que descuento le aconteció en numerables ocasiones.


Su amor por la ciencia era contagioso.

Por otro lado, aunque no tan separadamente, en su Carta podemos ver también esa otra corriente consistente que abreva la presión tribal del deseo tanto místico como mundano. Carl Sagan fue bien conocido como un gran escéptico, se autodefinió como agnóstico y ferviente defensor de un mundo sin religiones. No obstante Dios y la tonalidad de cierto estado místico pululan muchas de sus expresiones y ensayos. Como un murmullo se alcanza a percibir que adhería a la idea de un Dios realista materializado en las leyes físicas a la imagen del panteísmo de Baruch Spinoza. En el contexto de las relaciones mundanas, creo también visualizar esta energía en los dos divorcios y tres casamientos que aparecen en la biografía de Sagan quien, además, dejó una importante tribu de cinco hijos a su paso. En todo caso, es claro para mí que en este contexto y en el de su propio Diseño, la Experiencia es la palabra ordenadora de Carl Sagan, una Experiencia con los otros, para los otros que lo reconocieron y que habrá surgido como el resultado de una ferviente espera reflexiva e invitada a ser expresada.

No debe haber sido fácil para Carl Sagan lidiar con estos dos agrupamientos energéticos separados en su Diseño ya que es de prever que rara vez habrán funcionado de manera sincrónica. La expresión de su ser por un lado y la sed de experiencia emocional por el otro. Seguramente habrá sentido en innumerables ocasiones que algo le faltaba, que una pieza no encajaba en el mecanismo y que seguramente la calve estaba afuera. De hecho y en principio, si así pensaba no estaba tan equivocado, y doy por descontando que aún inconsciente e inconsistentemente habrá tenido oportunidades de ver fluir de manera sincrónica toda esa energía gracias a quienes lo rodearon e, incluso, a los tránsitos planetarios cuyo efecto por supuesto él hubiese rechazado.

Sus áreas de inconsistencia, todo aquello en su Diseño cuyo mecanismo está condicionado por agentes o factores externos, me resultan muy relevantes al mirar su Carta del Rave. Con cierta frecuencia habrá visto nacer en su mente tópicos confusos y dudas que, si logró navegarlos desde el asombro genuino y sin forzar la conceptualización de su mente, simplemente disfrutando el placer de estar frente a una nebulosa, le habrán permitido acceder a una imaginación sin límites. Cuando veo el cuerpo físico de Carl Sagan, es claro que no hay marcas del deportista o el competidor. No obstante percibo en su figura un tratamiento y cuidado correcto de su cuerpo; siempre se lo vio delgado y reposado en sus posturas y muy claro en la expresión de sus conocimientos con el rigor que corresponde a un divulgador.

Aunque es muy difícil apreciarlo desde su biografía, me pregunto si tuvo momentos en los que necesitó mostrar su valor e imponerlo a los otros, si su mirada hacia el pasado no jugaría en él ciertos momentos de vehemencia e imposición de sus certezas y su voluntad. Seguramente eso debe haber ocurrido en sus primeras épocas, sobre todo siendo un Proyector, y además emocional. Imagino también que en su impulso de entender el Cosmos e interpretar su alcance habrá vivido periodos de desvelo, de no poder parar en su esfuerzo de comprender y hacer comprender eso tan claro e importante para él. Cuando veo su apertura y su carrera, el efecto que provocó en los otros (en mí mismo), la claridad de sus conceptos tan rigurosos como humanos, veo el ejemplo de todo eso que puede ser condicionado en nuestros Diseños pero que también puede transformarse en una fuente de maestría. La sabiduría de Carl Sagan como tensión consistente de su propia Autoridad Interna no surgía de su Mente sino de su Espíritu al servicio de la Mente.


… fue un manantial de conocimiento y logró que lo reconocieran como tal para brindar todo su saber a quienes quisieran abrevar de él.

Para terminar, un dato más que quiero remarcar aunque no vaya a profundizarlo aquí. El complejo de la arquitectura cognitiva de Carl Sagan es Pasivo, Observador, Receptivo y Periférico, es decir que por su naturaleza no debió ser alguien al que veríamos moverse de aquí para allá ni estableciendo agendas o listados de su conocimiento. Todo lo contrario: fue un manantial de conocimiento y logró que lo reconocieran como tal para brindar todo su saber a quienes quisieran abrevar de él. Debe haber sido maravilloso caminar a su lado y hacerle preguntas, dejarse guiar por todo aquello que pudiera brotar de su fuente, sorprenderse a dúo de su propia profundidad y disfrutar junto a él subir a esa nave de la imaginación, esa semilla de diente de león librada a la voluntad del viento de su Aura. Un Ser realmente notable.

AL-UR – Marzo de 2019


Obra registrada : https://www.safecreative.org/work/1903230379511-mis-encuentros-con-seres-notables-carl-sagan

[1] Una detallada reseña biográfica de Carl Sagan en castellano puede ser consultada en Wikipedia.

[2] Una Memoria Biográfica, de David Morrison, 2014. National Academy of Sciences.

[3] El Cerebro de Broca. Carl Sagan, 1979.

[4] Carl Sagan. Una Vida. Keay Davidson, 1999.

[5] Una Memoria Biográfica, de David Morrison, 2014. National Academy of Sciences.

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