Ibiza - San Juan Bautista

Notas (tardías) desde una Orilla III

Llegaron puntuales ellos también.

A la hora señalada esta vez.

Los tránsitos jugaban bien su geometría

como de costumbre.

El Chofer estacionó el Vehículo en la trotadora y bajó el Pasajero.

Llegaron puntuales los tres, como no podía ser de otra manera.

Llegaron a la Orilla y todo cobró

una vez más

esa otra forma

en la Forma.

Descargaron los restos de amargura por un lado

y la pesada desazón por el otro

y la Esperanza se abríó como la cola de un pavo real.

En algún momento un reloj perdido en el Maia

dio las no sé qué tantas en punto

y el tiempo dejó de ser

una vez más

lo que decididamente no debe ser.

Pasó el tiempo, un año justo y vuelvo a estar en mi Entorno, la Orilla, la Costa, el límite entre un algo y otro algo distinto. Estas Orillas que se quieren caprichosa y decididamente naturales, pero lo artificial-esa-palabra está ahí. Está ahí siempre. Es como un designio. Es como Diseño. Aquí estoy puntual los tres que soy, el tres que somos.

Un año justo, puntual.

Un ciclo puntual y justo.

Una vuelta completa a la rueda.

Una rueda completa de vuelta.

Con mucho más y con mucho menos.

Con más o menos intento.

Intento de ser Consciente.

Puntualmente Consciente.

Llegar puntual y descargar el equipaje

y estar presente.

Quizá llegaron los tres puntales para hacer la última penetración del paraje. Quizá la llegada sólo se resuma al acto de haber venido a curarse las heridas del ciclo intenso, a recargar las baterías exhaustas para el ciclo que se asoma. Quizá el desembarco haya sido sólo eso y nada más, o sea mucho más.

Orillas como el ruedo del alma.

Sed de Querer las Orillas para nutrir la Esperanza.

Quizás llegaron los tres para eso y nada más

Para beber futuro

estando presente.

El ciclo se cierra. Se cierran las viejas propuestas y los proyectos pretenciosos. Caen máscaras y se levantan de nuevo los filtros para combatir el Maia como a un molino de viento. Vuelta a una nueva vuelta. Que está bien, que está muy bien que así sea porque es desde los ciclos inevitables que se vive el signo atávico del Propósito.

Llegaron puntuales

los tres

y puntualmente partirán.

Como siguiendo un signo.

Como un designo

dejarán la orilla

y retomarán el mismo camino por el que llegaron

puntuales

inevitablemente.

Cae la noche en la isla y vuelvo a no ver la orilla. No hace falta. Está allí en la medida en que estoy aquí. Aquí, ahora. Presente. La presencia me aleja del rigor de cualquier ciclo. No lo invalida ni lo anula. Simplemente aparece como una propuesta de superarlo, de concretarlo, y en ese alejamiento, en esa proposición, me vuelvo quizá más sabiamente presente. El dolor es la posibilidad de abrazarlo o de cultivarlo. Me quedo con lo primero, porque luego de abrazar hay la posibilidad de soltar el abrazo. Lo intento en esta Orilla que la noche y la distancia me impiden ver. Orilla que se volverá a desvanecer cuando estemos a diez mil metros de altura. Ahora y entonces. Yo. Los tres.

Se irán puntuales

los tres

como vinieron

y con la Orilla prendida en el ojal.

Pero una vez más

puntualmente diferente.

12 de Mayo de 2019 [AL-UR]

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